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BENEROSO SANTOS, J. (2025). Visigodos y bereberes en el istmo de Gibraltar, primavera de 711

BENEROSO SANTOS, J. (2025). «Visigodos y bereberes en el istmo deGibraltar, primavera de 711». Almoraima, (62), págs. 41-48.
Con anterioridad al decisivo enfrentamiento entre las tropas del rey Rodrigo y Tariq ibn Ziyab a orillas del río
Guadarranque en julio de 711, tuvo lugar otro encuentro, que situamos en el istmo de Gibraltar, en un intento de
los visigodos por obstaculizar los desembarcos bereberes que se venían produciendo. Se trata de un episodio que
tuvo graves e inmediatas consecuencias, del cual las fuentes apenas hablan y que con frecuencia ha sido olvidado,
e incluso negado, por un importante número de reconocidos investigadores que han estudiado los primeros
momentos de la invasión y conquista árabo-bereber de la península ibérica.

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Presentación del libro «La sociedad de obreros del carbón mineral linense (1917-1920). Una hiostoria social desde una perspectiva transnacional» de D. José Martín León de Alda

José Martín León de Alda es licenciado en Historia por la Universidad de Málaga y Máster en Estudios Históricos Avanzados, con especialidad en Historia Contemporánea, por la Universidad de Sevilla. Posee además el Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas, en la especialidad Geografía e Historia, por la Universidad Internacional de La Rioja.
Ha sido miembro y director del departamento de investigación de la asociación cultural Protección Histórica Linense. Ha participado en las I Jornadas de Historia de La Línea – La Línea de Gibraltar, 1810-1870 (2016), con la ponencia «Los Earle, un ejemplo de familia burguesa en La Línea del siglo XIX», y en las II Jornadas de Historia de La Línea – La ilustrísima y culta villa de La Línea de la Concepción (1870-1900) (2017), con la ponencia «La Sociedad del Parque de la Victoria, ocio burgués desde 1896». Asimismo, participó en la Jornada sobre el hundimiento del SS Utopia (2023), con la ponencia «La emigración italiana y la migración en La Línea a lo largo de su historia». Y ya más reciente en las I Jornadas de historias de La Verja, con la comunicación titulada: Carboneros linenses (1917-1920): un estudio local con perspectiva transnacional
Su línea de investigación actual se centra en la historia social de la comarca del Campo de Gibraltar, con especial atención a los procesos de organización obrera y sus vínculos transnacionales. En esta línea se inscribe su trabajo final de máster y el libro La Sociedad de Obreros del Carbón Mineral Linense. Una historia social desde una perspectiva transnacional (2025). Paralelamente, desarrolla investigaciones sobre historia local, orientando su interés hacia la defensa del patrimonio histórico y la exploración de nuevas áreas de estudio en la historiografía comarcal
La verdadera historia no siempre se escribe con grandes gestas ni con nombres célebres. A menudo se forja con los hechos cotidianos, con el esfuerzo y las esperanzas de personas anónimas cuyas voces apenas quedaron registradas. Son esas vidas, silenciosas pero constantes, las que han dado forma a la historia real de los pueblos.
Así ocurrió con los obreros linenses del carbón, hombres humildes que, entre 1917 y 1920, cruzaban diariamente la frontera para trabajar en los muelles de Gibraltar. En aquellos años de intenso tráfico marítimo, se encargaban de descargar y transportar el carbón mineral que abastecía a la flota británica y a los grandes buques mercantes. Su esfuerzo fue esencial para la prosperidad de la colonia, aunque su aportación quedó relegada al olvido y nunca fue reconocida como merecía.
Pero estos trabajadores no solo compartían la dureza del oficio; también comenzaron a compartir inquietudes, aspiraciones y un creciente sentido de conciencia social. En un contexto marcado por la desigualdad y la precariedad, surgieron los primeros movimientos obreros en La Línea, impulsados por la necesidad de mejorar las condiciones de vida y de trabajo.
La ciudad se convirtió entonces en un espacio de efervescencia sindical, donde las ideas libertarias encontraron un terreno fértil. La Confederación Nacional del Trabajo (CNT) agrupó a la mayoría de los obreros linenses, alentando la solidaridad y la acción colectiva. Sin embargo, junto a este movimiento también aparecieron corrientes ugetistas y de otras tendencias que, con sus diferencias ideológicas, introdujeron divisiones internas en el mundo laboral. Estas discrepancias, lejos de fortalecer la causa obrera, debilitaron en ocasiones su capacidad de negociación y defensa, dificultando los logros que tanto ansiaban los trabajadores.
Otro de los aspectos abordados en esta investigación es el recelo mostrado por las autoridades militares británicas hacia el movimiento obrero español en Gibraltar durante la Primera Guerra Mundial. En un contexto marcado por la tensión internacional y la amenaza constante de sabotajes, el servicio de espionaje británico llegó a convencerse de que la creciente contestación obrera en el puerto estaba inspirada o dirigida por agentes alemanes, cuyo objetivo habría sido entorpecer la operatividad estratégica de la base.
Las autoridades llegaron a ver en cualquier protesta obrera una posible amenaza. Las sospechas eran significativas: se sabía que una posible paralización de la actividad de los miles de carboneros y estibadores españoles que trabajaban en el puerto podía poner en grave riesgo el sistema de convoyes navales diseñado para reducir las pérdidas de tonelaje frente a la guerra submarina indiscriminada iniciada por Alemania en febrero de 1917.
En ese escenario, el puerto de Gibraltar y la masa obrera española desempeñaron un papel determinante en el sostenimiento de la logística aliada. La eficacia de los repostajes de carbón, la organización del trabajo portuario y la capacidad de adaptación de aquellos obreros a las duras condiciones laborales y a las estrictas medidas de control establecidas por las autoridades británicas fueron factores clave que contribuyeron, de manera silenciosa pero decisiva, al esfuerzo de guerra en favor de los aliados.
En este contexto de esfuerzo, esperanza y conflicto, se desarrolla el estudio de León de Alda, quien rescata del silencio a los protagonistas de una historia olvidada. Con rigor y sensibilidad, el autor nos muestra el entramado social de aquellos años y nos invita a conocer un mundo poco explorado: el de los obreros del carbón linenses, su vida cotidiana, su compromiso colectivo y su papel esencial en el desarrollo económico y social del Campo de Gibraltar.
La sociedad de obreros del carbón mineral linense (1917–1920) es mucho más que una investigación histórica. Es un ejercicio de memoria que devuelve el protagonismo a quienes, desde la modestia y el anonimato, construyeron con sus manos y su conciencia, el tejido de una sociedad que comenzaba a despertar. Sin más dilación paso la palabra a José Martín

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Breve semblanza de la Almoraima y su gente

Presentar Recuerdos de La Almoraima es, ante todo, una invitación a detenernos. A mirar con calma un lugar que muchos conocemos por su nombre, por su extensión o por su paisaje, pero que encierra algo mucho más profundo: una memoria humana construida a lo largo del tiempo. Porque La Almoraima no es solo una finca extensa, ni un paisaje privilegiado, ni un conjunto de edificios históricos. Es, sobre todo, un espacio vivido. Un territorio donde, durante siglos, hombres y mujeres han aprendido a convivir con la tierra, a observarla y comprenderla, y a transmitir ese conocimiento —hecho de experiencia y de saber compartido— como parte esencial de su herencia y de una forma de entender la vida. Ese conocimiento humano, heredado y practicado, convivió con la historia señorial que marcaría La Almoraima durante siglos.
Y si hablamos de rescatar recuerdos, no se trata únicamente de hechos, fechas o acontecimientos, sino, sobre todo, de personas. De hombres y mujeres cuya historia rara vez aparece en los grandes relatos, pero que fueron los verdaderos protagonistas de lo cotidiano, personas con frecuencia injustamente olvidadas por la narrativa del pasado. Fueron ellas quienes forjaron una forma de vida basada en la experiencia, en la observación del entorno y en el respeto a los ciclos naturales. Su conocimiento no estaba en los libros ni en las crónicas, sino en la práctica diaria: en saber leer el monte, entender los ritmos del bosque, cuidar el ganado, organizar una montería, levantar un cortijo, mantener un camino o proteger una finca que era, al mismo tiempo, medio de vida y herencia común. Recuperar esas voces es, en definitiva, un acto de justicia histórica, porque sin ellas el pasado queda incompleto y la memoria se vuelve frágil, condenando al olvido una parte esencial de lo que somos.
Ese saber cotidiano nos conduce a otro aspecto: el conocimiento transmitido de generación en generación, aprendido con el tiempo, que constituye uno de los mayores tesoros de La Almoraima. Un saber que se adquiere mirando, escuchando y acompañando a los mayores; que se transmite en gestos, palabras y rutinas; que pasa de padres a hijos, de maestros a aprendices, y que da forma a toda una comunidad. Durante siglos, La Almoraima ha sido una escuela silenciosa al aire libre, depositaria de una memoria colectiva que no se improvisa. Este legado, profundamente ligado a la vida, si no se cuida y se comparte, corre el riesgo de perderse y, con él, la conexión entre el pasado y el presente. De ahí la importancia de iniciativas como la que hoy se nos presenta, que permiten fijar esa memoria antes de que el tiempo la diluya.
Sobre esta base humana se levanta una historia larga y compleja, marcada por la presencia de grandes linajes nobiliarios, por transformaciones económicas y sociales, por cambios de propietarios y por distintos modos de administrar estas tierras. Pero incluso cuando estas fueron escenario de visitas ilustres, de cacerías aristocráticas o de episodios destacados, nunca dejaron de tener a sus verdaderos protagonistas: personas concretas, con nombres, con familias, con inquietudes y aspiraciones, que daban vida a este territorio.
Si miramos atrás en el tiempo, La Almoraima custodia vestigios de un pasado remoto. Por estas tierras pasaron y dejaron huella pueblos diversos —fenicios, romanos, visigodos o bizantinos—, integrando este espacio en sucesivas redes de poblamiento y explotación del territorio. Durante la época islámica, la presencia humana se intensificó, ampliándose el aprovechamiento agrario y forestal de amplias extensiones, cuya impronta se mantendría durante siglos.
Con la llegada de la etapa cristiana, el devenir histórico de Castellar de la Frontera quedó marcado por su condición de municipio de señorío y por su estrecha relación con los territorios vecinos. En 1434, don Juan Arias de Saavedra, alcalde de Jimena, incorporó la fortaleza de Castellar a la Corona de Castilla, recibiendo poco después el señorío del lugar, que acabaría consolidándose en el siglo XVI con la creación del condado de Castellar en favor de su linaje. A lo largo de la Edad Moderna, la familia Saavedra fue configurando un amplio patrimonio territorial y simbólico, dejando su impronta tanto en el castillo —convertido en residencia nobiliaria— como en otras infraestructuras del entorno, entre ellas el molino del Guadarranque, conocido como Molino del Conde. Todo ello en un contexto no exento de tensiones y rivalidades nobiliarias que también afectaron, de forma directa o indirecta, a la población local.
En este mismo proceso histórico se inscribe la fundación, a comienzos del siglo XVII, de la Casa Convento de La Almoraima, surgida a partir de una primitiva ermita del siglo XVI y destinada a albergar a la orden de los mercedarios descalzos. Su mantenimiento se sostuvo gracias a rentas y propiedades vinculadas al río y a la tierra, reforzando el papel de La Almoraima como enclave económico y simbólico del territorio. Finalmente, en 1789, el condado de Castellar se integró en la Casa Ducal de Medinaceli, uno de los grandes linajes nobiliarios de la Corona de Castilla, vinculando de forma definitiva la historia de La Almoraima y del municipio a una estructura señorial de alcance peninsular.
Pero más allá de la historia nobiliaria, estas tierras fueron también una fuente esencial de recursos para buena parte de los vecinos de Castellar y de su entorno, articulando un eje económico en el que el corcho, el carbón, la caza y otros aprovechamientos forestales sustentaron economías frágiles, marcadas por el esfuerzo diario y la dependencia directa del territorio.
Estas actividades no se entenderían sin un conocimiento profundo y respetuoso del medio, tan arraigado en sus pobladores, ni sin la figura del guarda, cuya tarea consistía en proteger y regular las vedas, el descorche, el ramoneo, el carboneo o el maquileo, labores que requerían un saber adquirido y practicado casi de forma ritual.
Ya en los siglos XIX y XX, este espacio adquirió además un papel social y cultural destacado, y fue testigo de dos mundos paralelos, distintos y desiguales. El palacio-convento y sus bosques se convirtieron en punto de encuentro de la aristocracia española y europea, gracias al desarrollo del ferrocarril y el auge de la caza mayor, que atraía a reyes, nobles y personalidades internacionales. Mientras tanto, quienes habitaban estas tierras continuaban con sus labores cotidianas, tomándole el pulso a la vida y afrontando sus exigencias con una voluntad constante y una profunda vinculación al territorio. Sociedades de caza como el Calpe Hunt consolidaron la finca como un escenario privilegiado, donde las monterías pasaron a ser acontecimientos sociales que entrelazaban poder y riqueza con la vida diaria de quienes la trabajaban, manteniendo una relación a la vez cercana y distante entre ambos mundos.
Pero La Almoraima no fue únicamente un espacio de trabajo ni un lugar de explotación; fue también un espacio compartido, donde la vida cotidiana encontraba sus propios tiempos: celebraciones, romerías, encuentros y silencios compartidos. En esos momentos, se afianzaban los lazos entre las personas y se reforzaba el sentimiento de pertenencia a un mismo lugar. A lo largo del tiempo, La Almoraima atravesó etapas muy distintas, con cambios profundos en sus usos, en sus propietarios y en sus circunstancias económicas, pero hubo un elemento constante: la presencia humana, hombres y mujeres, capaces de adaptarse a cada circunstancia, de asumir los ciclos de abundancia y de escasez, y de hacer de este espacio no solo un medio de vida, sino un lugar cargado de sentido y de memoria compartida.
Y quizá por eso, hablar hoy de La Almoraima es hablar de identidad: de cómo un territorio moldea a quienes lo habitan y de cómo esas personas dejan su huella en él. Los nombres de dehesas, caminos, fuentes o cortijos no son casuales: cada topónimo encierra una historia, una forma de mirar y entender el paisaje. La Almoraima se convierte así en un archivo vivo, donde memoria y vida cotidiana se entrelazan.
Considérese esta obra, que hoy se presenta, no solo como un relato, sino como un homenaje a las generaciones que nos precedieron y que, con su esfuerzo, hicieron posible el mundo que hoy habitamos. Lo que ha logrado María del Mar con este libro es, en última instancia, mantener viva La Almoraima, dando voz a sus recuerdos y permitiéndonos asomarnos a su memoria.
Muchas gracias.

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Presentación del libro «Historia de a Algeciras medieval. El final de al-Yazirat al-Jadra en el siglo XIV» del Dr. José Antonio Ortega Espinosa (29-4-2026)

Presentación José Antonio Ortega

Dentro de la programación de Encuentros con la Historia, que venimos desarrollando desde el Área de Historia de UNE Campo de Gibraltar para la UNESCO, hoy damos un paso más en ese propósito de acercar al público algunos de los episodios y procesos que han marcado la identidad de estas tierras. En esta ocasión nos adentramos en el mundo medieval, un periodo decisivo para comprender la configuración histórica del Campo de Gibraltar y, en general, de todo el sur peninsular. Fue una época de fronteras vivas, de contactos y tensiones, de transformaciones profundas que dejaron una huella duradera en el territorio y en la memoria colectiva. Y lo hacemos de la mano de un autor que conoce bien este paisaje histórico y humano: José Antonio Ortega Espinosa, cuya trayectoria combina la mirada del periodista con la del investigador y que ha dedicado años de trabajo a iluminar algunos de los capítulos más complejos y menos conocidos de nuestra historia local. Su presencia hoy nos permite abrir una ventana a ese pasado medieval que, aunque lejano en el tiempo, sigue siendo fundamental para entender quiénes somos y de dónde venimos.
Y para introducirnos en ese pasado medieval que marcó de manera tan profunda la identidad de estas tierras, permítanme comenzar recordando un episodio que, aunque lejano en el tiempo, sigue siendo esencial para entender la historia de Algeciras.
Las ciudades no siempre desaparecen cuando se destruyen. A veces se pierde la materia, se derrumban las murallas, se apagan las voces de sus calles… pero permanece algo más profundo: la memoria, el pulso, la huella que sigue latiendo en quienes las habitaron. Hay ciudades que, aun reducidas a ruinas, continúan existiendo en la conciencia de su gente, en los relatos transmitidos de generación en generación, en la forma en que el paisaje conserva su nombre y su recuerdo.
La Algeciras del siglo XIV pertenece precisamente a esa categoría tan singular. Fue una ciudad materialmente arrasada, desmantelada hasta sus cimientos y borrada del mapa político de su tiempo; pero no quedó extinguida. Su alma —la de sus gentes, sus costumbres y sus vínculos— sobrevivió dispersa por los campos, refugiada en los cortijos, en las huertas y en las aldeas del entorno. Allí permaneció, casi en silencio, como una memoria latente que se negaba a desaparecer del todo, esperando el momento de volver a levantarse.
Y ese renacimiento llegó, siglos después, a partir de 1704, cuando aquella memoria persistente recuperó forma urbana y la ciudad volvió a ocupar un lugar en el mapa y en la vida de la comarca. Pocas ciudades en la historia peninsular pueden contar una trayectoria semejante: desaparecer en la materia, pero mantenerse viva en la memoria colectiva; quedar en silencio, pero no ausente; ser destruida, pero no olvidada. Algeciras es, en ese sentido, un ejemplo extraordinario de cómo una ciudad puede renacer no solo de sus ruinas, sino del recuerdo tenaz de quienes nunca dejaron de considerarla suya.
Para comprender bien el libro que hoy presentamos, conviene detenernos un momento en la figura de su autor, porque su trayectoria explica, en buena medida, la profundidad y la sensibilidad con la que aborda la historia de Algeciras. José Antonio Ortega Espinosa nació en Los Barrios, en pleno corazón del Campo de Gibraltar, en 1965. Y desde muy joven mostró una doble inclinación que, con el tiempo, acabaría definiendo su obra: por un lado, la vocación periodística, el deseo de contar lo que ocurre; y por otro, la curiosidad histórica, la necesidad de comprender de dónde venimos.
Se formó como periodista en la Universidad Complutense de Madrid, una escuela que le dio no solo las herramientas del oficio, sino también una mirada crítica y atenta hacia la realidad. Más tarde amplió su formación con una licenciatura en Ciencias Políticas y Sociología por la UNED, lo que le permitió situar los hechos en un marco más amplio, entender los procesos sociales y políticos que dan forma a las comunidades. Y, ya en una etapa más madura, decidió profundizar en su pasión por la Edad Media: cursó un máster en Identidad Europea Medieval y culminó su trayectoria académica con un doctorado en Patrimonio, Sociedades y Espacios de Frontera por la Universidad de Lleida. Ese recorrido académico, tan sólido como diverso, se nota en cada página de su obra.
Su trayectoria profesional es igualmente rica. A lo largo de los años ha trabajado en distintos medios de comunicación de la comarca: Europa Sur, El Faro de Algeciras Información, la emisora municipal de Radio Televisión Los Barrios… y ha colaborado con otros periódicos como Noticias de la Villa, Viva Campo de Gibraltar o La Verdad del Campo de Gibraltar. Pero su aportación al periodismo local no se limita a escribir: también ha participado en la creación de proyectos informativos que forman parte de la memoria reciente del Campo de Gibraltar. Fue cofundador y director de Los Barrios Información, y estuvo implicado en iniciativas como La Crónica del Estrecho o Sáhara Libre, donde ejerció como corredactor y coeditor. Es decir, no solo ha contado la realidad: también ha contribuido a construir espacios desde los que contarla.
Como escritor, su obra es amplia y variada. Ha publicado narrativa, ensayo y divulgación histórica. Entre sus títulos destacan El Reino de las Sirenas, El Secreto de los Balbo, El Sueño de Tánato, Desde Algeciras a Ksar Achbarou o Los hitos de la conquista cristiana en el Campo de Gibraltar. Libros que lo han llevado a presentar su trabajo en lugares tan significativos como el Ateneo de Sevilla, el Ateneo de Málaga, el Real Club Marítimo de Melilla o el Instituto Cervantes de Gibraltar. Con El Reino de las Sirenas participó incluso en la Feria del Libro de Madrid de 2012 y apareció en un reportaje del programa Cuarto Milenio, lo que da una idea de la proyección que ha alcanzado su obra.
Pero su actividad literaria no se limita a los libros. Ha colaborado en obras colectivas, ha redactado memorias de figuras destacadas de la comarca —como el escritor Guillermo García Jiménez o el cronista Tomás Herrera— y ha publicado cuentos, poemas, reportajes, entrevistas y artículos de opinión. Su trabajo lo ha llevado a recorrer buena parte de Europa, América y África. Ha viajado a los campamentos saharauis de Tindouf para cubrir la visita de James Baker como enviado de Naciones Unidas; ha seguido la pista del misterio del Mary Celeste en las Azores; y ha recorrido yacimientos arqueológicos de época romana en distintos puntos de la Península mientras preparaba El Secreto de los Balbo. Esa experiencia viajera, ese contacto directo con los lugares y con las personas, también se percibe en su escritura: hay en ella una mirada que combina la curiosidad del periodista con la paciencia del historiador.
En los últimos años, José Antonio ha centrado buena parte de su investigación en la Algeciras medieval. Ha publicado estudios de referencia en la revista Almoraima y en congresos especializados, aportando nuevas perspectivas sobre la destrucción de la ciudad en el siglo XIV, su despoblación relativa y su papel en la frontera castellano nazarí. Sus trabajos han contribuido a revisar cronologías, a desmontar tópicos y a ofrecer una visión más compleja y matizada de aquel proceso histórico. Y ese esfuerzo investigador es el que culmina en el libro que hoy presentamos.
Actualmente trabaja en la oficina de prensa del Ayuntamiento de Los Barrios, sigue colaborando con medios de comunicación de la comarca y continúa escribiendo. Porque, en el fondo, su trayectoria tiene un hilo conductor muy claro: la voluntad de comprender y de contar. De contar lo que ocurre hoy y de contar lo que ocurrió hace siglos. De dar voz a la actualidad y de dar voz a la memoria. Y esa doble vocación —la del periodista y la del historiador— es la que hace de José Antonio Ortega Espinosa un autor singular, capaz de unir rigor y sensibilidad, análisis y relato, investigación y palabra.»
En definitiva, José Antonio Ortega Espinosa es un autor que sabe mirar la historia con la precisión del investigador y, al mismo tiempo, con la humanidad del narrador que entiende que detrás de cada dato hay vidas, decisiones y silencios. Su libro sobre la Algeciras medieval no es solo un estudio riguroso: es también una forma de devolver a la ciudad su voz, de reconstruir un pasado que parecía condenado a la sombra y de mostrar cómo una comunidad puede sobrevivir incluso cuando su espacio físico desaparece.
Aquí se analizan las fechas, las causas y las consecuencias de la destrucción de la ciudad; se revisan las explicaciones tradicionales y se aportan nuevas claves para entender aquel proceso. Pero, sobre todo, aquí se cuenta la historia de una ciudad que se negó a morir del todo, que siguió viva en su gente y que, siglos después, volvió a levantarse. Y creo que esa mirada —tan documentada como sensible— es la que convierte este libro en una aportación valiosa, necesaria y profundamente nuestra.

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BENEROSO SANTOS, J. (2025). Guadarranque versus La Janda. A propósito del debate suscitado tras la publicación colectiva «Guadalete y la caída de la Hispania visigoda» en la revista Desperta Ferro (nº86, noviembre-2024)

BENEROSO SANTOS, J. (2025). Guadarranque versus La Janda. A propósito del debate suscitado tras la publicación colectiva «Guadalete y la caída de la Hispania visigoda» en la revista Desperta Ferro (nº86, noviembre-2024)

BENEROSO SANTOS, J. (2025). Guadarranque versus La Janda. A propósito del debate suscitado tras la publicación colectiva «Guadalete y la caída de la Hispania visigoda» en la revista Desperta Ferro (nº86, noviembre-2024) Leer más »

Entre españoles. Presentación de la sección «Imágenes de una guerra» del grupo Mil historias de Historia en diciembre de 2020

«En el día de hoy, exhaustos y diezmados los «ejércitos» franquista y republicano, se ha decidido definitivamente acabar con la guerra. Tras muchos años de lucha quedan superadas todas las diferencias, las contradicciones, los obstáculos…, y ha llegado la hora de tenderse las manos y fundirse en un abrazo. La Paz, la Piedad y el Perdón por fin van a ser una realidad.
¿Sería posible esto? Hoy, más de ochenta años después de la tragedia vivida, los españoles habríamos decidido cerrar las heridas porque nuestro país, quizás más que nunca, lo necesita, y nuestros jóvenes exigen mirar al futuro sin lastres, aunque nunca se deban olvidar los errores cometidos en el pasado, sobre todo para no repetirlos.
No podemos estar constantemente juzgando a nuestros padres y abuelos. No olvidemos que fueron las circunstancias que a ellos les tocó vivir, las que propiciaron la guerra y las que los condenaron a sufrir esa tragedia. Una sociedad fracturada, con dos visiones muy distintas de lo que debía ser España, y que no supo, o no pudo, salvar sus diferencias y resolver la situación. Pero además de ese fracaso colectivo como país, existieron intereses económicos e ideológicos extranjeros que actuaron como catalizadores para que el enfrentamiento se materializase en un campo de batalla y no en las instituciones democráticas estatales.
Es necesario, creemos que imprescindible, cerrar definitivamente, de una vez y para siempre, las heridas, aquéllas que parecían estarlo ya tras el proceso de la transición y que en los últimos años, por intereses y razones de distinta índole, se han vuelto a reabrir. Claro que la transición española no fue perfecta y quedaron muchas cosas por hacer, como, sin excusa alguna, rescatar del olvido a las víctimas, a todas las víctimas, omisión que ha sido considerada una «anomalía democrática», y garantizar un espacio común donde todas las memorias, incluso la memoria colectiva del país, puedan manifestarse.
Es cierto que nuestra sociedad tiene contraída una deuda con los que lucharon por la libertad y la democracia que hoy disfrutamos, pero también lo es que mirar el pasado con los ojos del presente es un grave error. Juzgar hechos del pasado con argumentos actuales es una temeridad que solo los necios se atreverían a cometer, porque no existe ningún hecho histórico que desde la visión actual no sea reprobable en algún aspecto o detalle, ¿o es que quizá nosotros somos mejor sociedad que todas las que nos han antecedido? Decididamente y con absoluta rotundidad, no.
¿Quién marca la línea de separación entre lo correcto y lo incorrecto, de lo bueno y de lo malo, de lo justo e injusto…, del bien y del mal? La evolución humana es un proceso que sigue su curso y, probablemente, dentro de cien años se verán rechazados hechos presentes como ahora se pretende hacer con otros tiempo atrás acaecidos. No podemos reescribir la historia constantemente, ni juzgar a sus protagonistas, en este caso nuestros padres, abuelos y bisabuelos. No aislar los hechos ni analizarlos fuera del contexto en el que tuvieron lugar es sin duda crucial para la convivencia y la salud de este país. No podemos seguir haciéndonos más daño del que ya nos causó la guerra.
Hemos asistido desgraciadamente durante años a una reescritura de la historia…, en el caso que nos ocupa generalizada, primero por los «vencedores» desde el poder y luego por los «vencidos» desde las ansias de resarcimiento, una historia doblemente falseada porque lo que importaba no era el pasado sino el presente, intentando justificar lo injustificable y eludiendo conocer la verdad para reemplazarla por una verdad. Todos tenían, tienen, cada cual una verdad, su verdad.
Bien, comenzamos hoy esta sección que hemos titulado: «Imágenes de una guerra», con el deseo expreso de que sea un lugar de encuentro y reconciliación. Por supuesto no serán tolerados bajo ningún concepto cualquier tipo de descalificativo, insultos o comentarios irrespetuosos. Creemos que tenemos ya la suficiente madurez colectiva para tratar este dramático acontecimiento con la necesaria perspectiva histórica de una sociedad juiciosa y democrática.
Sin embargo, no queremos que esta sección se reduzca a una mera exposición de fotos, más o menos interesantes, sino que sea un espacio generador de comentarios, preguntas y respuestas. Eso queda en nuestras manos.
Por último no debemos olvidar, tanto los curiosos o aficionados como los profesionales, que en Historia se ha de ser riguroso y objetivo en todo lo posible, pero también honesto, humilde y generoso. Sobre todo honesto.
Ánimo, y participen».
La Administración de Mil historias de Historia

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BENEROSO SANTOS, J. (2008). La importancia de lo local y cotidiano en la Historia: la pesca y el comercio en el Gibraltar del siglo XVI.

BENEROSO SANTOS, J. (2008).

Generalmente, para profundizar en el pasado los investigadores acudimos básicamente
a dos tipos de registros: el textual y el arqueológico que, aunque suelen producir
informaciones distintas, si se relacionan y articulan en una teoría, pueden ser complementarios
y clarificadores. Además, si en el registro arqueológico existe una cierta
involuntariedad, no ocurre así, al menos de forma habitual, en el registro documental,
lo cuál es importante tener en cuenta.

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BENEROSO SANTOS, J. (2021). Aproximación a la conquista arabo-musulmana de la península Ibérica en 711 a través de la toponimia.

BENEROSO SANTOS, J. (2021).

La invasión y conquista arabo-musulmana de Hispania a partir de 711 es uno de los hechos históricos más importantes acaecidos en la península Ibérica. Entre los aspectos menos conocidos de este proceso se encuentra el lingüístico. El estudio toponímico ha pasado a ser un recurso imprescindible para avanzar y profundizar en el conocimiento de los momentos iniciales de al-Andalus.
Palabres clave: Al-Andalus, al Yazira al-Jadrá, Gibraltar, al-Buhaira y Wadi Lakko

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BENEROSO SANTOS, J. (2021). Franco, Gibraltar y la falsa neutralidad británica en la guerra civil española.

BENEROSO SANTOS, J. (2021).
La injerencia del Reino Unido en la guerra civil española era, y lo sigue siendo en algunos aspectos, un tema poco
estudiado y que necesita ser investigado en profundidad. La visita de Franco a Gibraltar en marzo de 1935 fue
determinante para el desarrollo de la guerra y la consolidación del régimen franquista.
Palabras clave: Franco, Gibraltar, 1935, March, neutralidad.

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BENEROSO SANTOS, J. (2023). Sobre la controversia del hidrónimo Guadarranque y su identificación con el Wadi-lakko (río del Lago) de las fuentes árabes.

BENEROSO SANTOS, J. (2023).

En esta ocasión, y siguiendo la misma línea de investigación en la que venimos trabajando con respecto a la entrada de los grupos arabo-bereberes en la península ibérica y el enfrentamiento entre Tariq ibn Ziyad y el rey Rodrigo en julio de 711, abordamos la identificación del río Guadarranque con el Wadi-Lakko señalado en las fuentes como escenario de la batalla. De este modo analizamos muy brevemente varios posibles orígenes del
hidrónimo Guadarranque que pueden servir para aclarar esta cuestión.
Palabras clave: Guadarranque, río del Lago, Wadi-Lakko, lacus, Carteia.

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BENEROSO SANTOS, J. (2020). Debate historiográfico e interpretativo en cuanto al enfrentamiento entre Tariq y Rodrigo. La batalla del río Guadaranque (y II).

BENEROSO SANTOS, J. (2020).

Este estudio se centra, básicamente, en la problemática existente en el enfrentamiento entre Tariq Ibn Ziyad
y Rodrigo en julio de 711, fecha en la que las fuentes coinciden casi en su totalidad; sin embargo, no ocurre lo
mismo en cuanto a su ubicación. Así, se aborda esta cuestión y se sitúa dicho encuentro en las inmediaciones del
río Guadarranque y no en el Guadalete ni en la laguna de la Janda, como habitualmente se ha venido aceptando.
Palabras clave: río del Lago, Transductinas, Wadi Umm Hakkim, Wadi-Lakko, Guadalete, Guadarranque.

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BENEROSO SANTOS, J. (2020). Debate historiográfico e interpretativo en cuanto al enfrentamiento entre Tariq y Rodrigo. La batalla del río Guadaranque (I).

BENEROSO SANTOS, J. (2020).

Este estudio se centra, básicamente, en la problemática existente en el enfrentamiento entre Tariq Ibn Ziyad
y Rodrigo en julio de 711, fecha en la que las fuentes coinciden casi en su totalidad; sin embargo, no ocurre lo
mismo en cuanto a su ubicación. Así, se aborda esta cuestión y se sitúa dicho encuentro en las inmediaciones del
río Guadarranque y no en el Guadalete ni en la laguna de la Janda, como habitualmente se ha venido aceptando.
Palabras clave: río del Lago, Transductinas, Wadi Umm Hakkim, Wadi-Lakko, Guadalete, Guadarranque.

BENEROSO SANTOS, J. (2020). Debate historiográfico e interpretativo en cuanto al enfrentamiento entre Tariq y Rodrigo. La batalla del río Guadaranque (I). Leer más »

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