Presentación del libro «Historia de a Algeciras medieval. El final de al-Yazirat al-Jadra en el siglo XIV» del Dr. José Antonio Ortega Espinosa (29-4-2026)
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Dentro de la programación de Encuentros con la Historia, que venimos desarrollando desde el Área de Historia de UNE Campo de Gibraltar para la UNESCO, hoy damos un paso más en ese propósito de acercar al público algunos de los episodios y procesos que han marcado la identidad de estas tierras. En esta ocasión nos adentramos en el mundo medieval, un periodo decisivo para comprender la configuración histórica del Campo de Gibraltar y, en general, de todo el sur peninsular. Fue una época de fronteras vivas, de contactos y tensiones, de transformaciones profundas que dejaron una huella duradera en el territorio y en la memoria colectiva. Y lo hacemos de la mano de un autor que conoce bien este paisaje histórico y humano: José Antonio Ortega Espinosa, cuya trayectoria combina la mirada del periodista con la del investigador y que ha dedicado años de trabajo a iluminar algunos de los capítulos más complejos y menos conocidos de nuestra historia local. Su presencia hoy nos permite abrir una ventana a ese pasado medieval que, aunque lejano en el tiempo, sigue siendo fundamental para entender quiénes somos y de dónde venimos.
Y para introducirnos en ese pasado medieval que marcó de manera tan profunda la identidad de estas tierras, permítanme comenzar recordando un episodio que, aunque lejano en el tiempo, sigue siendo esencial para entender la historia de Algeciras.
Las ciudades no siempre desaparecen cuando se destruyen. A veces se pierde la materia, se derrumban las murallas, se apagan las voces de sus calles… pero permanece algo más profundo: la memoria, el pulso, la huella que sigue latiendo en quienes las habitaron. Hay ciudades que, aun reducidas a ruinas, continúan existiendo en la conciencia de su gente, en los relatos transmitidos de generación en generación, en la forma en que el paisaje conserva su nombre y su recuerdo.
La Algeciras del siglo XIV pertenece precisamente a esa categoría tan singular. Fue una ciudad materialmente arrasada, desmantelada hasta sus cimientos y borrada del mapa político de su tiempo; pero no quedó extinguida. Su alma —la de sus gentes, sus costumbres y sus vínculos— sobrevivió dispersa por los campos, refugiada en los cortijos, en las huertas y en las aldeas del entorno. Allí permaneció, casi en silencio, como una memoria latente que se negaba a desaparecer del todo, esperando el momento de volver a levantarse.
Y ese renacimiento llegó, siglos después, a partir de 1704, cuando aquella memoria persistente recuperó forma urbana y la ciudad volvió a ocupar un lugar en el mapa y en la vida de la comarca. Pocas ciudades en la historia peninsular pueden contar una trayectoria semejante: desaparecer en la materia, pero mantenerse viva en la memoria colectiva; quedar en silencio, pero no ausente; ser destruida, pero no olvidada. Algeciras es, en ese sentido, un ejemplo extraordinario de cómo una ciudad puede renacer no solo de sus ruinas, sino del recuerdo tenaz de quienes nunca dejaron de considerarla suya.
Para comprender bien el libro que hoy presentamos, conviene detenernos un momento en la figura de su autor, porque su trayectoria explica, en buena medida, la profundidad y la sensibilidad con la que aborda la historia de Algeciras. José Antonio Ortega Espinosa nació en Los Barrios, en pleno corazón del Campo de Gibraltar, en 1965. Y desde muy joven mostró una doble inclinación que, con el tiempo, acabaría definiendo su obra: por un lado, la vocación periodística, el deseo de contar lo que ocurre; y por otro, la curiosidad histórica, la necesidad de comprender de dónde venimos.
Se formó como periodista en la Universidad Complutense de Madrid, una escuela que le dio no solo las herramientas del oficio, sino también una mirada crítica y atenta hacia la realidad. Más tarde amplió su formación con una licenciatura en Ciencias Políticas y Sociología por la UNED, lo que le permitió situar los hechos en un marco más amplio, entender los procesos sociales y políticos que dan forma a las comunidades. Y, ya en una etapa más madura, decidió profundizar en su pasión por la Edad Media: cursó un máster en Identidad Europea Medieval y culminó su trayectoria académica con un doctorado en Patrimonio, Sociedades y Espacios de Frontera por la Universidad de Lleida. Ese recorrido académico, tan sólido como diverso, se nota en cada página de su obra.
Su trayectoria profesional es igualmente rica. A lo largo de los años ha trabajado en distintos medios de comunicación de la comarca: Europa Sur, El Faro de Algeciras Información, la emisora municipal de Radio Televisión Los Barrios… y ha colaborado con otros periódicos como Noticias de la Villa, Viva Campo de Gibraltar o La Verdad del Campo de Gibraltar. Pero su aportación al periodismo local no se limita a escribir: también ha participado en la creación de proyectos informativos que forman parte de la memoria reciente del Campo de Gibraltar. Fue cofundador y director de Los Barrios Información, y estuvo implicado en iniciativas como La Crónica del Estrecho o Sáhara Libre, donde ejerció como corredactor y coeditor. Es decir, no solo ha contado la realidad: también ha contribuido a construir espacios desde los que contarla.
Como escritor, su obra es amplia y variada. Ha publicado narrativa, ensayo y divulgación histórica. Entre sus títulos destacan El Reino de las Sirenas, El Secreto de los Balbo, El Sueño de Tánato, Desde Algeciras a Ksar Achbarou o Los hitos de la conquista cristiana en el Campo de Gibraltar. Libros que lo han llevado a presentar su trabajo en lugares tan significativos como el Ateneo de Sevilla, el Ateneo de Málaga, el Real Club Marítimo de Melilla o el Instituto Cervantes de Gibraltar. Con El Reino de las Sirenas participó incluso en la Feria del Libro de Madrid de 2012 y apareció en un reportaje del programa Cuarto Milenio, lo que da una idea de la proyección que ha alcanzado su obra.
Pero su actividad literaria no se limita a los libros. Ha colaborado en obras colectivas, ha redactado memorias de figuras destacadas de la comarca —como el escritor Guillermo García Jiménez o el cronista Tomás Herrera— y ha publicado cuentos, poemas, reportajes, entrevistas y artículos de opinión. Su trabajo lo ha llevado a recorrer buena parte de Europa, América y África. Ha viajado a los campamentos saharauis de Tindouf para cubrir la visita de James Baker como enviado de Naciones Unidas; ha seguido la pista del misterio del Mary Celeste en las Azores; y ha recorrido yacimientos arqueológicos de época romana en distintos puntos de la Península mientras preparaba El Secreto de los Balbo. Esa experiencia viajera, ese contacto directo con los lugares y con las personas, también se percibe en su escritura: hay en ella una mirada que combina la curiosidad del periodista con la paciencia del historiador.
En los últimos años, José Antonio ha centrado buena parte de su investigación en la Algeciras medieval. Ha publicado estudios de referencia en la revista Almoraima y en congresos especializados, aportando nuevas perspectivas sobre la destrucción de la ciudad en el siglo XIV, su despoblación relativa y su papel en la frontera castellano‑nazarí. Sus trabajos han contribuido a revisar cronologías, a desmontar tópicos y a ofrecer una visión más compleja y matizada de aquel proceso histórico. Y ese esfuerzo investigador es el que culmina en el libro que hoy presentamos.
Actualmente trabaja en la oficina de prensa del Ayuntamiento de Los Barrios, sigue colaborando con medios de comunicación de la comarca y continúa escribiendo. Porque, en el fondo, su trayectoria tiene un hilo conductor muy claro: la voluntad de comprender y de contar. De contar lo que ocurre hoy y de contar lo que ocurrió hace siglos. De dar voz a la actualidad y de dar voz a la memoria. Y esa doble vocación —la del periodista y la del historiador— es la que hace de José Antonio Ortega Espinosa un autor singular, capaz de unir rigor y sensibilidad, análisis y relato, investigación y palabra.»
En definitiva, José Antonio Ortega Espinosa es un autor que sabe mirar la historia con la precisión del investigador y, al mismo tiempo, con la humanidad del narrador que entiende que detrás de cada dato hay vidas, decisiones y silencios. Su libro sobre la Algeciras medieval no es solo un estudio riguroso: es también una forma de devolver a la ciudad su voz, de reconstruir un pasado que parecía condenado a la sombra y de mostrar cómo una comunidad puede sobrevivir incluso cuando su espacio físico desaparece.
Aquí se analizan las fechas, las causas y las consecuencias de la destrucción de la ciudad; se revisan las explicaciones tradicionales y se aportan nuevas claves para entender aquel proceso. Pero, sobre todo, aquí se cuenta la historia de una ciudad que se negó a morir del todo, que siguió viva en su gente y que, siglos después, volvió a levantarse. Y creo que esa mirada —tan documentada como sensible— es la que convierte este libro en una aportación valiosa, necesaria y profundamente nuestra.